Mi primer viaje solo en tren

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Cuando mi madre me dijo que iba a viajar solo en tren por primera vez, tuve sentimientos muy contradictorios. Por un lado, sentía una emoción enorme porque siempre había querido tener esa sensación de independencia. Por otro lado, sentía un miedo pequeño pero persistente que me hacía dudar de si era capaz de hacerlo bien.

El viaje era desde nuestra ciudad hasta la ciudad donde vivían mis abuelos, aproximadamente dos horas en tren. No era un viaje muy largo, pero para alguien de once años que nunca había viajado solo, parecía una aventura enorme. Mi madre me explicó todo con mucha paciencia: cómo leer los carteles de la estación, dónde sentar, cómo guardar el billete en un lugar seguro y qué hacer si me sentía perdido.

La mañana del viaje, me desperté antes de que sonara el despertador. Me vestí

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