Mi clase de natación los sábados
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Desde hace tres meses, asisto a clases de natación cada sábado por la mañana en la piscina municipal. Al principio tenía mucho miedo al agua, pero ahora puedo nadar veinticinco metros sin parar y estoy muy orgulloso de mi progreso.
La piscina está a quince minutos caminando desde mi casa. Mi madre me acompaña los primeros sábados de cada mes para hablar con mi instructor y revisar mi avance. Los demás sábados, voy solo con mi grupo de amigos del barrio que también toman clases.
Mi instructor se llama Roberto y tiene veinticinco años de experiencia enseñando a niños. Él siempre nos dice que el agua es nuestra amiga y que debemos respetarla pero no temerle. Su paciencia es infinita y nunca grita, aunque a veces los niños hacemos travesuras en la orilla.
La clase dura cuarenta y cinco minutos y está dividida en tres partes.