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Si un robot empujara la roca de Sísifo, ¿habría terminado el castigo o simplemente lo habría automatizado? La pregunta, casi cómica, expone un supuesto común: que el trabajo repetitivo es absurdo por definición y que una máquina podría resolver, junto con la tarea, el problema del sentido.
En el mito griego, Sísifo empuja una piedra cuesta arriba y la ve caer una y otra vez. Albert Camus retoma esa imagen en El mito de Sísifo, ensayo publicado en 1942, para examinar qué ocurre cuando la conciencia exige una explicación que el mundo no garantiza. El absurdo no reside solo en la piedra ni solo en quien la empuja, sino en la tensión entre nuestra demanda de claridad y un mundo que no ofrece una respuesta última. Es el marco filosófico de Camus, no una ley científica sobre el universo.
El ensayo