Aprendiendo a bailar flamenco
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Mi abuela es de Sevilla y ama el flamenco. Desde pequeña me habla de este baile. El año pasado me inscribió en clases. Al principio tenía miedo. No sabía si podía hacerlo. El profesor se llama Antonio. Es muy amable y paciente. Nos enseñó los pasos básicos. Primero aprendimos a mover las manos. Luego practicamos el ritmo con los pies. Al principio era difícil. Mis pies no seguían la música. Pero Antonio me ayudó mucho. Me dijo que no me preocupara. Que todos empiezan así. Practiqué en casa todos los días. Mi abuela me escuchaba y sonreía. Ella me daba consejos. Después de un mes mejoré mucho. Pude seguir la música mejor. Un día hubo una pequeña presentación. Mis padres vinieron a verme. Estaba nerviosa pero emocionada. Cuando terminaron todos aplaudieron. Mi abuela lloraba de emoción. Me sentí muy orgullosa.