El año que el desierto de Atacama se llenó de flores
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El año que el desierto de Atacama se llenó de flores
Mi abuela vive en Vallenar, en el norte de Chile, y desde que era niña me lo contaba cada invierno: «Algún día vas a ver el desierto florido».
Yo no le creía mucho. El desierto de Atacama es uno de los lugares más secos del mundo, y en Vallenar pasan años enteros casi sin lluvia. El suelo es gris, con piedras y arbustos duros. No parece un jardín.
Pero en agosto de aquel año llovió. Llovió poco, aunque lo suficiente. Mi abuela me llamó por teléfono y me dijo dos palabras: «Ya empezó».
Llegué en septiembre. Fuimos al Parque Nacional Llanos de Challe, cerca de la costa de Huasco, y después de media hora entendí sus dos palabras. Los cerros eran morados, amarillos y blancos, y las flores llegaban hasta el horizonte.