Diario de un voluntario en el refugio
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Diario de un voluntario en el refugio
Lunes. El refugio municipal, que acoge familias sin vivienda estable, abrió sus puertas a las siete. Hoy coordiné turnos de cocina con Ana, quien lleva tres años en la organización. Nunca había trabajado con tanta intensidad emocional en un solo día.
Solo cuando escuché las historias individuales comprendí la escala del problema. Apenas terminé de organizar colchones, llegó un camión con donaciones. En ningún caso quise tratar a nadie como un número más en una lista.
Martes. Fue la voluntaria Laura quien enseñó a los niños un juego cooperativo. Lo que más me impresionó fue su paciencia infinita. Son los pequeños gestos los que devuelven dignidad en momentos difíciles.
El médico local, cuyo consultorio colabora semanalmente, revisó casos urgentes. La enfermera, quien traduce cuando hace falta, facilita comunicación con familias recién llegadas. De hecho, la salud mental aparece en casi cada conversación.