Cartas desde una cabaña de montaña
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Cartas desde una cabaña de montaña
Querida Helena:
Te escribo desde una cabaña pequeña en los Pirineos, donde paso dos semanas de retiro para ordenar ideas antes de entregar mi novela. Afuera nieva con constancia; de hecho, el silencio es tan profundo que escucho crujir la madera cuando enciendo la estufa por la mañana.
Llegué el lunes con dos maletas y demasiadas expectativas. Del mismo modo que otros años, prometí escribir ocho horas diarias sin distracciones. Sin embargo, el primer día apenas completé tres páginas porque pasé horas contemplando el valle desde la ventana.
El pueblo más cercano queda a cuarenta minutos a pie. Igualmente, la única tienda cierra a las seis, lo que me obliga a planificar compras con antelación. Por otra parte, esa limitación me ha devuelto rutinas simples: café, caminata corta, lectura, escritura, cena temprana.
Ayer recibí tu carta con noticias del taller literario de Madrid.