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I. Por la madriguera del Conejo
Alicia estaba sentada en la orilla del río, al lado de su hermana. Era una tarde de verano y hacía mucho calor. Alicia empezaba a aburrirse. Miró el libro que leía su hermana, pero no tenía dibujos ni diálogos. «¿Para qué sirve un libro sin dibujos y sin diálogos?», pensó.
De pronto, un Conejo Blanco de ojos rosados pasó corriendo a su lado. «¡Ay, ay, ay! ¡Voy a llegar tarde!», decía. Eso no le pareció muy raro a Alicia. Pero entonces el Conejo sacó un reloj del bolsillo del chaleco, lo miró y siguió corriendo. Alicia se levantó de un salto. ¡Nunca había visto un conejo con chaleco y con reloj! Corrió detrás de él y lo vio entrar en una madriguera grande, debajo de un seto. Alicia entró también, sin pensar cómo iba a salir.