El sastrecillo valiente (adaptación, Jacob y Wilhelm Grimm)

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I. La mermelada y las moscas

Es una mañana de verano. En una ciudad pequeña vive un sastre. Es un hombre pequeño y delgado. Tiene una nariz fina y unos ojos muy vivos.

El sastre trabaja en su casa. Está sentado en su mesa, al lado de la ventana. Cose una chaqueta con aguja e hilo. Está contento y cose con todas sus fuerzas.

De pronto, oye una voz en la calle. Es una mujer del campo. Lleva una cesta grande y pesada.

«¡Mermelada buena! ¡Vendo mermelada buena!», grita la mujer.

Al sastre le gusta mucho esa palabra. Saca la cabeza por la ventana.

«¡Aquí arriba, buena mujer!», dice. «¡Suba, por favor! Aquí vende usted su mermelada».

La mujer sube las escaleras de la casa. Son tres pisos. La cesta pesa mucho y la mujer llega muy cansada. Saca todos los botes de la cesta.