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I
En el populoso barrio de Chamberí, más cerca del Depósito de Aguas que de Cuatro Caminos, vivía, no ha muchos años, un hidalgo de buena estampa y nombre peregrino; no aposentado en casa solariega, pues por allí no las hubo nunca, sino en plebeyo cuarto de alquiler, de los baratitos, con ruidoso vecindario de taberna, merendero, cabrería, y estrecho patio interior de habitaciones numeradas. La primera vez que tuve conocimiento del tal personaje y pude observar su catadura militar de antiguo cuño, algo así como una reminiscencia pictórica de los tercios viejos de Flandes, dijéronme que se llamaba D. Lope de Sosa, nombre que transciende al polvo de los teatros, o a romance de los que traen los librillos de retórica; y en efecto, nombrábanle así algunos amigos maleantes; pero él respondía por D. Lope Garrido. Andando el tiempo, supe que la partida de bautismo rezaba D.