El robot que aprendió a soñar

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En el laboratorio del profesor Mendoza, entre cables, herramientas y pantallas encendidas, vivía un robot llamado Axel. Axel podía hacer muchas cosas extraordinarias: resolver problemas matemáticos complicados en fracciones de segundo, traducir textos a veinte idiomas diferentes y predecir el tiempo atmosférico con una precisión del 98%. Sin embargo, había una cosa que Axel no podía hacer: soñar.

El profesor Mendoza era un científico brillante pero también un hombre con mucha imaginación. Creía que la diferencia fundamental entre los seres humanos y las máquinas no era la inteligencia, sino la capacidad de imaginar cosas que todavía no existen. Por eso, había dedicado los últimos cinco años de su carrera a intentar enseñarle a Axel cómo soñar.

Un día, el profesor llegó al laboratorio con una caja de madera antigua y misteriosa. Dentro había cientos de libros: novelas de aventura, cuentos de hadas, poemas, obras de teatro y libros de filosofía.