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Había una vez, en un pequeño pueblo costero llamado Puerto del Sol, tres amigos inseparables: Lucas, Sofía y Mateo. Durante las vacaciones de verano, los tres pasaban la mayor parte del tiempo explorando la playa, buscando conchas y jugando en la arena. Sin embargo, un día, después de una gran tormenta, encontraron algo muy inusual escondido entre las rocas.
Mateo, que siempre era el más curioso del grupo, vio un pequeño cofre de madera medio enterrado en la arena. Con la ayuda de sus amigos, logró sacarlo. El cofre estaba cerrado, pero la cerradura estaba oxidada. Después de varios intentos, lograron abrirlo con una piedra. Dentro no había oro ni joyas, sino un viejo pergamino enrollado y atado con una cuerda roja.
Cuando abrieron el pergamino, se dieron cuenta de que era un mapa. Tenía dibujos de islas, montañas y un gran bosque oscuro.