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Desde los albores de la civilización humana, la contemplación de la bóveda celeste ha suscitado una mezcla de asombro reverencial y curiosidad insaciable. Nuestros antepasados trazaron constelaciones para dar sentido al aparente caos nocturno, ignorando que el universo alberga enigmas de una magnitud y complejidad que desafían la imaginación más audaz. La astrofísica contemporánea ha logrado descorrer parcialmente el velo de estos misterios, revelando un cosmos dinámico, vasto y en constante transformación.
Uno de los descubrimientos más revolucionarios del siglo XX fue la constatación de que el universo no es estático, sino que se encuentra en un proceso de expansión continua. Las observaciones pioneras de Edwin Hubble demostraron que las galaxias se alejan vertiginosamente unas de otras, un hallazgo que sentó las bases para la formulación de la teoría del Big Bang. Esta premisa postula que toda la materia y