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La adolescencia y la preadolescencia han sido siempre etapas de la vida caracterizadas por una búsqueda intensa de la propia identidad. Es ese momento en el que empezamos a preguntarnos quiénes somos realmente, qué nos gusta, qué valores defendemos y cómo queremos que el resto del mundo nos vea. Históricamente, este proceso ocurría en casa, en el colegio y en el parque con los amigos. Sin embargo, para los jóvenes de hoy, una parte fundamental de este viaje ocurre en un espacio nuevo y vibrante, pero también complejo: las redes sociales.
Crecer en un mundo hiperconectado significa que nuestra imagen y nuestras opiniones pueden estar expuestas ante cientos o miles de personas de forma casi instantánea. Plataformas como Instagram, TikTok o Snapchat no son solo herramientas para compartir fotos o videos; son escenarios donde se construye y se negocia la identidad digital.