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En la era de la información, el recurso más escaso y valioso no es el petróleo ni el oro, sino nuestra propia atención. Este concepto es el pilar fundamental de lo que los expertos denominan la economía de la atención. Cada vez que abrimos una aplicación, navegamos por una red social o vemos un video en línea, entramos en un mercado invisible donde diversas empresas compiten ferozmente para capturar y retener nuestra mirada el mayor tiempo posible.
Históricamente, la economía se centraba en la gestión de bienes físicos tangibles. Sin embargo, con la explosión de contenido digital, nos enfrentamos a una sobreabundancia de información. Como señaló el economista Herbert Simon, la riqueza de información crea una pobreza de atención. Cuando hay demasiado que ver y leer, el tiempo que dedicamos a cada cosa se vuelve extremadamente preciado, convirtiéndose en la moneda de cambio que mueve a los gigantes tecnológicos actuales.