Una familia corsa (Alejandro Dumas)

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UNA FAMILIA CORSA

I
Viajaba yo por Córcega, a principios de marzo de 1841.

Nada más pintoresco y cómodo que un viaje a Córcega: se embarca uno en Tolón, veinte horas después está en Ajaccio, o veinticuatro horas más tarde en Bastia. Allí se compra o se alquila un caballo: si se le alquila, está uno del otro lado con cinco francos diarios; si se le compra, con ciento cincuenta de una vez. Y no hay que reir de la modicidad del precio; el tal caballo, comprado o alquilado, realiza, como el famoso del gascón que saltaba al Sena desde el Puente Nuevo, cosas que no harían ni Próspero ni Nautilus, héroes de las carreras de Chantilly y del Campo de Marte. Pasa por caminos en que el mismo Balmab hubiera tenido que usar alpenstock[1], y por puentes en que Auriol mismo pediría balancín.