Aladino y la lámpara maravillosa (adaptación, Antoine Galland)

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I. El falso tío

Hace mucho tiempo, en una gran ciudad de China, vivía un sastre muy pobre llamado Mustafá. Tenía una mujer y un solo hijo, que se llamaba Aladino.

Aladino era un chico perezoso que no obedecía a nadie. Su padre quería enseñarle a coser. Pero él se escapaba de la tienda y pasaba el día entero jugando en la calle. El padre sufrió tanto por su hijo que se puso enfermo, y a los pocos meses murió. Desde entonces, la madre hilaba algodón y vendía el hilo para comprar pan. Aladino no la ayudaba. Siguió con esa vida hasta los quince años.

Un día, mientras jugaba en una plaza, un hombre que pasaba por allí se paró a mirarlo. Era un mago que venía de África, y por eso lo llamaremos el mago africano. Había llegado a la ciudad hacía solo dos días.