La dama de las camelias (Alejandro Dumas, hijo)

Leggi questo articolo ad alta voce

Attiva il microfono e leggi con il tuo ritmo. Le parole si illuminano mentre procedi, e nulla ti ferma quando una viene pronunciata male.

Il tuo audio non arriva mai a MovaReader: a riconoscerlo è il tuo browser. Informativa sulla privacy

Accedi per conservare questa sessione nella cronologia delle letture.

LA DAMA DE LAS CAMELIAS

CAPÍTULO I
Tengo la convicción de que no se pueden crear personajes sin haber estudiado mucho la humanidad, como de que no se puede hablar un idioma sin aprenderlo antes perfectamente.

No teniendo, como no tengo, la edad indispensable para inventar, he de contentarme con referir.

Creo que el lector se persuadirá pronto de la veracidad de la presente historia, cuyos personajes, excepto la heroína, viven aún.

Muchos testigos existen en París de la mayor parte de los hechos que voy a consignar, los cuales podrían confirmarlos, si mi testimonio no fuese bastante.

Una circunstancia especial hace que sólo yo pueda narrarlos, puesto que soy el único confidente de los más íntimos detalles, sin los cuales sería imposible hacer una relación interesante y completa.

Debo comenzar explicando la singular manera cómo llegaron a mi tales pormenores.