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Escribir mensajes
Raúl está en la estación de Santa Justa, en Sevilla. Su tía viene a buscarlo. Hay voces, maletas y avisos de los trenes. Raúl quiere decir que ya está aquí. Intenta llamar. El ruido tapa la voz de su tía. Él no entiende las palabras. Cuelga.
Abre los mensajes del teléfono. Escribe una sola nota: «Estoy en Santa Justa. ¿Dónde estás?» Lee las palabras otra vez. Están claras. Pulsa enviar. No escribe la misma nota tres veces. Un mensaje basta.
El mensaje queda en la conversación, debajo del nombre de su tía. Raúl no camina por toda la estación. Espera junto a un banco. Pone la mochila entre los pies. No quiere perder la mochila ni a su tía.
No busca un andén. No sabe en qué tren viene su tía. Solo quiere el lugar. El teléfono sigue en su mano, con esa conversación abierta.