La bóveda de Svalbard: el fin del mundo no cabe en una caja

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La bóveda de Svalbard: el fin del mundo no cabe en una caja

En la isla noruega de Spitsbergen, una entrada de hormigón sobresale de una ladera helada. Tras ella, un túnel penetra más de cien metros en la montaña. Allí funciona la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, inaugurada el 26 de febrero de 2008. La imagen invita a fantasear con una cápsula capaz de reiniciar la agricultura después de una catástrofe planetaria; su funcionamiento real, sin embargo, es menos cinematográfico y más revelador.

Lejos de ser un almacén abierto al público, la bóveda recibe duplicados de semillas que ya conserva algún banco de genes. Es, por tanto, una copia de seguridad de segundo nivel. El servicio es gratuito para los bancos participantes, y la temperatura de las cámaras se mantiene a 18 grados bajo cero. La roca y el frío ayudan

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