Un partido de fútbol que no olvidamos
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Un partido de fútbol que no olvidamos
El sábado pasado mi equipo local jugó la final del torneo regional. El estadio estaba casi lleno y la afición cantaba desde la grada sur. Yo fui con mi hermano y dos amigos. Llegamos una hora antes para conseguir buenos asientos.
Los jugadores calentaban en el campo mientras el árbitro revisaba el reloj. Nuestro delantero, Marco, parecía concentrado. El entrenador hablaba con los defensas cerca del banquillo. ¿Crees que ganaremos? preguntó mi amigo. No respondí porque no quería mala suerte.
En el primer tiempo el rival dominó el juego. Ellos tuvieron tres ocasiones claras, pero nuestro portero paró dos tiros difíciles. Nosotros no creamos mucho peligro porque el mediocampo no conectaba bien. La grada silbaba cuando perdimos el balón otra vez.
En el descanso compramos refrescos y comentamos el partido. Mi hermano decía que necesitábamos más presión arriba.