Un sábado de mercado y lluvia
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Un sábado de mercado y lluvia
Los sábados por la mañana el barrio despertaba con olor a pan recién hecho. Yo bajaba con una bolsa de tela mientras las tiendas abrían persianas una a una. Ese ritual repetido me daba calma antes de la semana ocupada.
En el mercado, la frutera saludaba a cada cliente por su nombre. Yo elegía manzanas, tomates y hierbas frescas para la semana. Mientras pagaba, escuchaba conversaciones sobre el tiempo inestable.
De repente, un trueno fuerte sorprendió a todos los puestos. Los vendedores cubrieron la mercancía con lonas y corrieron a recoger cajas. Yo busqué refugio bajo un toldo azul con dos vecinas del edificio.
Cuando la lluvia disminuyó, caminamos juntas hacia casa por calles mojadas. Una vecina contó que, de joven, trabajaba en un puesto de flores allí mismo. Otra recordó cómo su hijo perdió un zapato en un charco similar.