Recuerdos de un campamento de verano
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Recuerdos de un campamento de verano
Hace dos años asistí a un campamento juvenil cerca de un lago durante la primera quincena de julio, y todavía guardo fotos en mi teléfono porque fueron días intensos y alegres con gente que apenas conocía antes.
Llegamos en autobús el lunes a mediodía, y monitores nos asignaron cabañas de madera con literas y armarios pequeños. Mi compañero de cabaña se llamaba Andrés, y le gustaba nadar, mientras yo prefería actividades de música por la tarde.
Las mañanas empezaban con ejercicios suaves a las ocho, y después desayuno colectivo en un comedor grande donde había que limpiar la mesa antes de salir. A mí no me gustaba levantarme tan temprano, pero me gustaba ver el lago quieto desde la ventana mientras tomaba té.
Un miércoles hicimos una excursión corta por un sendero señalizado, y guías nos pidieron llevar agua porque el sol era fuerte a las doce.