Ya hemos comido, aunque ayer nos saltamos el almuerzo
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Ya hemos comido, aunque ayer nos saltamos el almuerzo
Me llamo Rosa. Comparto piso con Ben y Mia, y las comidas suelen provocar discusiones sobre tiempos verbales tanto como sobre platos sucios. Hoy es sábado, y nuestro chat de grupo muestra cómo el pretérito perfecto y el indefinido conviven en una casa hambrienta.
Ya hemos desayunado. Ben cocinó huevos a las nueve, y yo he fregado la sartén. Mia ha recogido la mesa, pero aún no ha sacado la basura. Esa tarea puede esperar, aunque ayer olvidamos por completo el día de recogida, y el pasillo olió mal hasta la noche.
Ayer fue distinto. Nos saltamos el almuerzo porque dormimos hasta el mediodía. Ben se despertó a las dos, miró el reloj y dijo que perdimos la panadería del mercado. Anoche pedimos pizza. Comí tres porciones y me sentí culpable, pero no me he pesado desde el lunes.