Memorias de un traductor de conferencias
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Memorias de un traductor de conferencias
Durante veinte años, acompañé delegaciones en summits donde cada palabra podía inclinar un acuerdo. Mi carrera, que comenzó traduciendo catálogos técnicos, derivó hacia diplomacia multilateral casi por accidente.
Recuerdo una cumbre climática en Ginebra, cuyo plenario reunió a ministros de doce países. Fue la calma del intérprete jefe lo que evitó malentendidos en un párrafo sensible sobre financiación. Lo que más aprendí fue escuchar intención, no solo lexema.
Nunca había trabajado tantas horas seguidas con micrófonos abiertos. Solo cuando cerraron sesiones nocturnas comprendí el peso físico del oficio. Apenas terminó el evento, dormí doce horas seguidas.
Querían que tradujera matices culturales sin domesticarlos. Ojalá hubiera tenido glosarios preparados para neologismos políticos emergentes. Pedían que mantuviera neutralidad aunque personalmente discrepara.
De hecho, equipos rotativos evitan errores por fatiga acumulada. No obstante, presupuestos ajustados reducen número de colegas por cabina.