Desde mi perspectiva, el lector se vuelve cómplice
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Desde mi perspectiva, el lector se vuelve cómplice
En la columna de opinión de hoy vuelvo a El asiento del testigo porque Ian Calder plantea preguntas que la política prefiere posponer. Sostengo que toda lectura justa debe reconocer lo que el final podría sugerir sobre la responsabilidad colectiva. Cuando el narrador enfrenta al lector directamente, el presente literario hace inmediata la negativa.
¿Por qué importa este argumento ahora, y por qué la columna debe abordar el momento además del texto? Ostensiblemente, el artículo discute ficción; en la práctica, despliega postura evaluativa sobre la memoria cívica. La prosa exige que notemos la modalidad: lo que quizá sea cierto, lo que habría de argumentarse, lo que aún podría cambiar.
La alegoría de El asiento del testigo habría de leerse como un comentario sobre la memoria pública, aunque toda columna de opinión justa deba reconocer lecturas alternativas antes de fijar su juicio.