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PRÓLOGO
I
¡Tres novelas ejemplares y un prólogo! Lo mismo pude haber puesto en la portada de este libro Cuatro novelas ejemplares. ¿Cuatro? ¿Por qué? Porque este prólogo es también una novela. Una novela, entendámonos, y no una nívola; una novela.
Eso de nívola, como bauticé a mi novela—¡y tan novela!—Niebla, y en ella misma, página 158, lo explico—, fué una salida que encontré para mis...—¿críticos? Bueno; pase—críticos. Y lo han sabido aprovechar porque ello favorecía su pereza mental. La pereza mental, el no saber juzgar sino conforme a precedentes, es lo más propio de los que se consagran a críticos.
Hemos de volver aquí en este prólogo—novela o nívola—más de una vez sobre la nivolería. Y digo hemos de volver así en episcopal primera persona del plural, porque hemos de ser tú, lector, y yo, es decir, nosotros, los que volvamos sobre ello.