El condenado por desconfiado (Tirso de Molina)

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JORNADA PRIMERA

Selva, dos grutas entre elevados peñascos.

Paulo.

(De ermitaño.)

¡Dichoso albergue mío!

Soledad apacible y deleitosa,

que en el calor y el frío

me dais posada en esta selva umbrosa,

donde el huésped se llama

o verde yerba o pálida retama.

Agora, cuando el alba

cubre las esmeraldas de cristales,

haciendo al sol la salva

que de su coche sale por jarales,

con manos de luz pura,

quitando sombras de la noche oscura

salgo de aquesta cueva,

que en pirámides altos de estas peñas

naturaleza eleva,

y a las errantes nubes hace señas

para que noche y día,

ya que no otra, le hagan compañía.

Salgo a ver este cielo,

alfombra azul de aquellos pies hermosos.

¿Quién, oh celeste velo,

aquesos tafetanes luminosos

rasgar pudiera un poco

para ver?... ¡Ay de mí! Vuélvome loco.

Mas ya que es imposible