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I. Dedicatoria al duque de Béjar
Pasos de un peregrino son errante
cuantos me dictó versos dulce Musa
en soledad confusa.
Perdidos unos, otros inspirados.
O tu que, de venablos impedido,
muros de abeto, almenas de diamante.
Bates los montes, que de nieve armados.
Gigantes de cristal los teme el cielo;
donde el cuerno, del Eco repetido,
fieras te expone, que al teñido suelo
muertas pidiendo términos disformes.
Espumoso coral le dan al Tormes:
Arrima a un fresno el fresno, cuyo acero
sangre sudando, en tiempo hará breve
purpurear la nieve,
y en cuanto da el solícito montero,
al duro robre, al pino levantado.
Émulos vividores de las peñas.
Las formidables señas
del oso que aun besaba, atravesado,
la hasta de tu luciente jabalina;
o lo sagrado supla de la encina
lo Augusto del dosel, o de la fuente
la alta cenefa lo majestuoso