Soledades (Luis de Góngora)

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I. Dedicatoria al duque de Béjar

Pasos de un peregrino son errante

cuantos me dictó versos dulce Musa

en soledad confusa.

Perdidos unos, otros inspirados.

O tu que, de venablos impedido,

muros de abeto, almenas de diamante.

Bates los montes, que de nieve armados.

Gigantes de cristal los teme el cielo;

donde el cuerno, del Eco repetido,

fieras te expone, que al teñido suelo

muertas pidiendo términos disformes.

Espumoso coral le dan al Tormes:

Arrima a un fresno el fresno, cuyo acero

sangre sudando, en tiempo hará breve

purpurear la nieve,

y en cuanto da el solícito montero,

al duro robre, al pino levantado.

Émulos vividores de las peñas.

Las formidables señas

del oso que aun besaba, atravesado,

la hasta de tu luciente jabalina;

o lo sagrado supla de la encina

lo Augusto del dosel, o de la fuente

la alta cenefa lo majestuoso