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I. El destierro
Esta es la historia de Rodrigo Díaz de Vivar, un hombre de Castilla a quien los castellanos llamaban el Cid. El poema lo llama «mio Cid», que quiere decir «mi Cid». Su fama fue tan grande que, años después de su muerte, los juglares todavía cantaban sus hazañas en las plazas y en los caminos.
Un juglar, que no sabemos quién fue, compuso el poema hacia el año 1200. Un hombre llamado Per Abbat lo copió en 1207. Gracias a esa copia, el poema llegó hasta nosotros. Se llama el Cantar de mio Cid, y tiene tres partes: el destierro, las bodas y la afrenta de Corpes.
Este libro cuenta esa historia con palabras sencillas. Empieza un día triste.
Ese día, el Cid salió de su casa de Vivar, y lloraba. Miró atrás y vio las puertas abiertas y los palos vacíos donde antes descansaban sus halcones.