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I. La torre de la catedral
La heroica ciudad dormía la siesta. Era Vetusta, una ciudad vieja del norte de España, gris y húmeda. El viento Sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blancas hacia el Norte. En las calles no había gente. Solo corrían el polvo, los papeles y las hojas secas. Y desde lo alto llegaba el sonido de la gran campana. Llamaba a los curas al coro de la catedral.
La torre de la catedral era alta, fina y hermosa. Era de piedra y tenía muchos siglos. Desde abajo parecía un dedo que señalaba el cielo. Los vecinos de Vetusta estaban muy orgullosos de ella.
Arriba, junto a las campanas, había dos muchachos. Uno era Bismarck, un pillo de la ciudad. Trabajaba en los coches de caballos, pero le gustaba mucho tocar las campanas. El otro era Celedonio, el acólito.