El estudiante de Salamanca (adaptación, José de Espronceda)

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I. Una noche en Salamanca

Era más de media noche, así lo cuentan las viejas historias. La tierra dormía en silencio y en sombra. A esa hora los vivos parecen muertos, y los muertos dejan la tumba. Es la hora de las voces extrañas y de los pasos que nadie ve. Las almas en pena andan por la noche, y los perros aúllan de miedo al verlas.

El cielo estaba negro. No se veía ni una estrella. El viento silbaba entre las casas. Las torres de las iglesias parecían sombras negras en el aire. En lo alto del viejo castillo, un soldado hacía la guardia con miedo.

Todo dormía en la ciudad. Era la famosa Salamanca, una ciudad antigua junto al río Tormes. Allí había una gran escuela, y muchos jóvenes venían a estudiar.

De pronto se oyó un ruido de espadas.