El sí de las niñas (adaptación, Leandro Fernández de Moratín)

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I. Un secreto en la posada

Era una tarde de verano en Alcalá de Henares, una ciudad cerca de Madrid. En una posada vieja y llena de ruido, un señor salió de su cuarto a la sala. Se llamaba don Diego, tenía cincuenta y nueve años y era muy rico. En una silla de la sala esperaba Simón, su criado de muchos años.

«¿No han venido todavía las señoras?», preguntó don Diego.

«No, señor, todavía no», contestó Simón, y se levantó de la silla.

«Pues van muy despacio, la verdad. Para una visita bastan media hora y cuatro lágrimas.»

Simón no estaba nada contento en aquella posada. Hacía dos días que su amo no salía de allí para nada. Las sillas estaban rotas y el cuarto estaba sucio. Abajo, en el patio, los arrieros hablaban y gritaban todo el día.