Golf with Grandpa: Spanish Story (Level A1)

Mi abuelo me lleva a jugar golf cada domingo por la mañana. El club está a las afueras de la ciudad, rodeado de árboles altos. El césped verde parece una alfombra perfecta. Antes de empezar, visitamos la tienda del club. Mi abuelo compra pelotas nuevas y un guante de cuero para mí. El empleado nos da un carrito para llevar los palos de golf. El campo tiene dieciocho hoyos diferentes. Cada uno tiene su nombre y su dificultad. El primero se llama El Lago porque hay agua cerca. Hay que evitar que la pelota caiga allí. Mi abuelo me enseña a coger el palo correctamente. Las manos van juntas, ni muy arriba ni muy abajo. Los pies deben estar separados al ancho de los hombros. Me cuesta coordinar todo al principio. El swing es el movimiento más importante. Giramos el cuerpo y golpeamos la pelota suavemente. Mi abuelo dice que no hay que usar fuerza bruta. La técnica vale más que la fuerza. La primera vez solo di cinco pasos con la pelota. Ahora puedo llegar al green en tres golpes. El green es el círculo final donde hay una bandera. Allí usamos un palo especial para empujar la pelota al hoyo. Entre hoyo y hoyo, caminamos y hablamos de la vida. Mi abuelo me cuenta historias de cuando era joven. Dice que el golf le enseñó paciencia y respeto por los demás. Al final de la mañana, estamos cansados pero contentos. Vamos al restaurante del club a comer un sándwich. Mi abuelo toma café y yo un zumo de naranja natural. El golf no es solo un deporte para nosotros. Es tiempo de estar juntos al aire libre. Aprendo algo nuevo cada domingo. Espero poder jugar con mi propio nieto algún día.