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Imaginar cómo nos moveremos por el mundo dentro de cincuenta años es un ejercicio que combina la ciencia ficción con la ingeniería más avanzada. Desde la invención de la rueda hasta la llegada de los aviones comerciales, la humanidad siempre ha buscado formas de viajar más rápido, de manera más segura y, recientemente, de forma más sostenible. El transporte del futuro no solo promete reducir los tiempos de viaje de horas a minutos, sino que también busca transformar por completo el diseño de nuestras ciudades y nuestra relación con el medio ambiente.
Uno de los proyectos más ambiciosos que ya está dejando de ser un sueño para convertirse en realidad es el tren de levitación magnética, conocido comúnmente como Maglev. A diferencia de los trenes convencionales que utilizan ruedas sobre rieles de acero, el Maglev utiliza potentes imanes para elevar el tren unos centímetros por encima de la vía y propulsarlo hacia adelante.