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La comunicación humana trasciende con creces el mero intercambio de palabras. Nos encontramos inmersos en un vasto océano de signos, una red semiótica que configura nuestra percepción del mundo y nuestra interacción con los demás de maneras que a menudo pasan inadvertidas. La semiótica, definida como el estudio de los signos y los procesos de significación, nos ofrece las herramientas intelectuales necesarias para descodificar esta realidad simbólica y comprender cómo construimos el sentido en nuestra vida cotidiana.
Para abordar la complejidad de la semiótica, debemos entender primero qué constituye un signo. Según la tradición saussureana, el signo se compone de un significante —la forma física, como un sonido o una imagen— y un significado —el concepto mental asociado—. Sin embargo, la semiótica contemporánea, influenciada por Charles Sanders Peirce, propone una estructura triádica que incluye también el objeto y el interpretante.