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Antes de terraformar Marte: una ética para decisiones irreversibles
Terraformar un planeta significa alterar deliberadamente su entorno para hacerlo más parecido a la Tierra o más habitable. En el caso de Marte, una propuesta habitual consiste en liberar dióxido de carbono para espesar la atmósfera y producir calentamiento. Antes de discutir si deberíamos hacerlo, conviene separar tres preguntas: si podemos, si las normas actuales lo permiten y si sería moralmente aceptable.
La primera respuesta impone cautela. Un estudio patrocinado por la NASA y publicado en 2018 calculó que la presión atmosférica marciana ronda el 0,6 por ciento de la terrestre. Incluso si se procesaran todas las fuentes accesibles de dióxido de carbono, la presión solo llegaría aproximadamente al 7 por ciento de la terrestre, muy lejos de la necesaria para mantener agua líquida estable en la superficie. El estudio concluyó que la terraformación global no es posible con la tecnología actual.