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Un manuscrito para pensar el juego
Clara abre la reproducción digital del Libro del axedrez, dados e tablas. No busca una regla para ganar una partida. Quiere averiguar qué puede contar un juego sobre la sociedad que decide conservarlo.
El colofón sitúa el manuscrito en Sevilla, en 1283: allí se empezó y se terminó. Clara anota la fecha, no como un adorno, sino como una coordenada para leer el libro.
Patrimonio Nacional lo considera una de las últimas obras promovidas por Alfonso X. Para Clara, esa condición abre una pregunta sobre lo que una corte podía reunir y transmitir.
El repertorio se divide en tres partes. El ajedrez representa el intelecto, los dados el azar y las tablas una combinación de ambos. La división no elimina la incertidumbre del juego; la convierte en materia de reflexión.
El manuscrito recoge una tradición lúdica oriental, especialmente de India, a través de fuentes árabes.