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Alojaba acaso aquella noche en la venta un cuadrillero de los que llaman de la Santa Hermandad Vieja de Toledo , el cual , oyendo ansimesmo el estraño estruendo de la pelea , asió de su media vara y de la caja de lata de sus títulos , y entró ascuras en el aposento , diciendo : — ¡ Ténganse a la justicia ! ¡ Ténganse a la Santa Hermandad ! Y el primero con quien topó fue con el apuñeado de don Quijote , que estaba en su derribado lecho , tendido boca arriba , sin sentido alguno , y , echándole a tiento mano a las barbas , no cesaba de decir : — ¡ Favor a la justicia ! Pero , viendo que el que tenía asido no se bullía ni meneaba , se dio a entender que estaba muerto , y que los que allí dentro estaban eran sus matadores ; y con esta sospecha reforzó la voz , diciendo : — ¡ Ciérrese la puerta de la venta ! ¡ Miren no se vaya nadie , que han muerto aquí a un hombre ! Esta voz sobresaltó a todos , y cada cual dejó la pendencia en el grado que le tomó la voz . Retiróse el ventero a su aposento , el arriero a sus enjalmas , la moza a su rancho ; solos los desventurados don Quijote y Sancho no se pudieron mover de donde estaban . Soltó en esto el cuadrillero la barba de don Quijote , y salió a buscar luz para buscar y prender los delincuentes ; mas no la halló , porque el ventero , de industria , había muerto la lámpara cuando se retiró a su estancia , y fuele forzoso acudir a la chimenea , donde , con mucho trabajo y tiempo , encendió el cuadrillero otro candil . Capítulo XVII . Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el bravo don Quijote y su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta que , por su mal , pensó que era castillo Había ya vuelto en este tiempo de su parasismo don Quijote , y , con el mesmo tono de voz con que el día antes había llamado a su escudero , cuando estaba tendido en el val de las estacas , le comenzó a llamar , diciendo : — Sancho amigo , ¿ duermes ? ¿ Duermes , amigo Sancho ? — ¿ Qué tengo de dormir , pesia a mí — respondió Sancho , lleno de pesadumbre y de despecho — ; que no parece sino que todos los diablos han andado conmigo esta noche ? — Puédeslo creer ansí , sin duda — respondió don Quijote — , porque , o yo sé poco , o este castillo es encantado . Porque has de saber . . . Mas , esto que ahora quiero decirte hasme de jurar que lo tendrás secreto hasta después de mi muerte . — Sí juro — respondió Sancho . — Dígolo — replicó don Quijote — , porque soy enemigo de que se quite la honra a nadie . — Digo que sí juro — tornó a decir Sancho — que lo callaré hasta después de los días de vuestra merced , y plega a Dios que lo pueda descubrir mañana . — ¿ Tan malas obras te hago , Sancho — respondió don Quijote — , que me querrías ver muerto con tanta brevedad ? — No es por eso — respondió Sancho — , sino porque soy enemigo de guardar mucho las cosas , y no querría que se me pudriesen de guardadas .
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