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Envidioso de tu felicidad , anhela hoy este apartarte asimismo de la obediencia a tu Criador , para que desheredado como él de tu dichoso estado , vengas a merecer su castigo y caigas en su perpetua miseria . Su mayor venganza , su único consuelo sería poder ultrajar al Altísimo , haciéndote a ti partícipe de su error y de su pena . No des jamás oído a sus tentaciones ; prevén esto mismo a tu compañera ; ten presente el terrible ejemplo que has oído , el castigo en que incurren los inobedientes . Ellos hubieran podido ser siempre venturosos , y se perdieron . No te olvides de esto , y teme ser contado entre los rebeldes . » LIBRO SÉPTIMO ARGUMENTO Accediendo a los ruegos de Adán , cuéntale Rafael cómo y por qué fue creado este mundo : que habiendo Dios expulsado del cielo a Satán y a sus ángeles , declaró que le placía crear otro mundo y otras criaturas que habitasen en él ; y así envía a su Hijo circundado de gloria y acompañado de angélicos coros , para que en el espacio de seis días realice la obra de la creación . Al compás de sus himnos celebran los ángeles esta nueva maravilla , y la reascensión del Hijo a los cielos . Desciende del cielo , Urania , si es bien que te invoque con este nombre . Siguiendo tu voz divina , me remonto más allá del Olimpo , sobreponiéndome al vuelo de las alas del Pegaso . No me contento empero con invocar tu nombre : invoco tu inspiración , porque ni tú te cuentas entre las nueve Musas , ni moras en la cumbre del antiguo Olimpo . Nacida en el cielo , antes que apareciesen los montes , antes que brotaran las fuentes de sus manantiales , tú conversabas con tu hermana , la divina Sabiduría , y con ella te recreabas , en presencia del Omnipotente Padre , que se complacía en oír tus celestiales cánticos . Transportado por ti , aunque habitador terrestre , al cielo de los cielos , he respirado el aire empíreo que para mí templabas . Sostenme también ahora , y vuélveme a mi nativo elemento , no sea que al ímpetu de este desenfrenado bridón en que cabalgo , caiga , como Belerofonte [ 85 ] un día , bien que él no penetrase en región tan alta , y dé conmigo en los campos aleyos , para vagar allí desamparado y en completo olvido . Estoy aún a la mitad de mi canto , pero reducido ya a límites más estrechos , cuales son los de una divina y visible esfera . He descendido a la tierra , abandonando las regiones allende el polo , y cantaré más seguro y con voz humana , sin temor de que enronquezca ni quede muda , a pesar de habérseme deparado tan aciagos días . ¡ Oh ! y ¡ qué aciagos , viéndome rodeado de dañinas lenguas , de tinieblas , de peligros y de soledad ! Pero no , no estoy solo , que tú me asistes , cuando por la noche cierra mis párpados el sueño , y cuando la mañana ilumina el sonrosado oriente .
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