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Por lo que resultó de la subasta podéis calcular que aquel hombre hubiera ganado más de treinta mil francos . Regresamos contentos y satisfechos a Bougival , prosiguiendo en la erección de castillos en el aire para el porvenir que , gracias a nuestra ligereza y especialmente a nuestro amor , veíamos bajo las más doradas tintas . Habían transcurrido unos ocho días cuando a la hora en que estábamos almorzando , entró Nanina diciéndome que mi criado preguntaba por mí . Le hice entrar . — Señor — me dijo , — vuestro padre acaba de llegar a París y os ruega que paséis cuanto antes a vuestra casa , en donde os está aguardando . Semejante noticia era sencillísima , y sin embargo , al oirla , Margarita y yo nos quedamos mirándonos . Ambos presentíamos una desgracia . Así fué que , sin que ella me manifestara la impresión de que yo también participaba , le dije estrechando su mano : — Nada temas . — Vuelve lo más pronto que puedas — murmuró Margarita abrazándome ; — te esperaré impaciente asomada a la ventana . Mandé a José que previniese a mi padre . Dos horas después me encontraba en mi casa de la calle de Provenza . CAPÍTULO XX Cuando llegué a mi casa , encontré a mi padre sentado y escribiendo . En el modo de mirarme al entrar , conocí desde luego que íbamos a tratar asuntos graves . Sin embargo , me acerqué a él como si nada hubiese adivinado y le abracé . — ¿ Cuándo habéis llegado , padre mío ? — Anoche . — ¿ Y no vinisteis a mi casa como de costumbre ? — Sí . — Siento muchísimo no haber estado aquí para saludaros . Esperaba ver surgir de estas palabras la reconvención que me anunciaba el semblante frío de mi padre ; mas no me respondió , cerró la carta que terminaba de escribir y la entregó a José para que la llevase al correo . Así que los dos quedamos solos , se levantó mi padre , y apoyándose en la chimenea , me dijo : — Armando , tenemos que hablar de cosas muy serias . — Ya os escucho , papá . — ¿ Prometes decirme la verdad ? — Es mi costumbre . — ¿ Es cierto que vives con una mujer llamada Margarita Gautier ? — Sí , señor . — ¿ Sabes quién es esa mujer ? — Fué una entretenida . — ¿ Es verdad que por ella te has olvidado de ir este año a vernos ? — Sí , padre mío , lo confieso . — En tal caso , amas mucho a esa mujer . — Podéis deducirlo de la falta que me ha hecho cometer , falta de la que humildemente os pido perdón . Mi padre no esperaba , sin duda , contestaciones tan francas y categóricas , pues estuvo reflexionando un momento , y después me dijo : — Creo que habrás comprendido que no has de vivir así eternamente . — Lo temo , padre mío ; pero no lo concibo . — Debías haber supuesto también — prosiguió mi padre en tono más áspero , — que yo no lo consentiría . — He pensado , que mientras no haga cosa alguna contraria al respeto que debo a vuestro nombre , ni a la honradez tradicional de la familia , podría vivir como vivo , y esta idea me ha tranquilizado . Las pasiones nos infunden valor y fortaleza de ánimo ; y tanto es así , que para conservar a Margarita , me sentía fuerte hasta con mi propio padre .
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