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Era de notar , sin embargo , que cuando alguna mañana tardaba Angustias en entrar a darle los buenos días , el pícaro de D . Jorge preguntaba cien veces en su estilo de hombre tremendo : — ¿ Y ésa ? ¿ Y doña Náuseas ? ¿ Y esa remolona ? ¿ No ha despertado aún su señoría ? ¿ Por qué ha permitido que se levante usted tan temprano , y no ha venido ella a traerme el chocolate ? Dígame usted , señora doña Teresa : ¿ está mala acaso la joven princesa de Santurce ? Todo esto , si se dirigía a la madre ; y , si era a la gallega , decíale con mayor furia : — ¡ Oye y entiende , monstruo de Mondoñedo ! Dile a tu insoportable señorita que son las ocho y tengo hambre . ¡ Que no es menester que venga tan peinada y reluciente como de costumbre ! ¡ Que de todos modos la detestaré con mis cinco sentidos ! ¡ Y , en fin , que , si no viene pronto , hoy no habrá tute ! El tute era una comedia , y hasta un drama diario . El Capitán lo jugaba mejor que Angustias ; pero Angustias tenía más suerte , y los naipes acababan por salir volando hacia el techo o hacia la sala , desde las manos de aquel niño cuarentón , que no podía aguantar la graciosísima calma con que le decía la joven : — ¿ Ve usted , señor Capitán Veneno , cómo soy yo la única persona que ha nacido en el mundo para acusarle a usted las cuarenta ? II SE PLANTEA LA CUESTIÓN Así las cosas , una mañana , sobre si debían abrirse o no los cristales de la reja de la alcoba , por hacer un magnífico día de primavera , mediaron entre D . Jorge y su hermosa enemiga palabras tan graves como las siguientes : El Capitán . — ¡ Me vuelve loco el que no me lleve usted nunca la contraria , ni se incomode al oírme decir disparates ! ¡ Usted me desprecia ! ¡ Si fuera usted hombre , juro que habíamos de andar a cuchilladas ! Angustias . — Pues si yo fuese hombre , me reiría de todo ese geniazo , lo mismo que me río siendo mujer . Y , sin embargo , seríamos buenos amigos . El Capitán . — ¡ Amigos usted y yo ! ¡ Imposible ! Usted tiene el don infernal de dominarme y exasperarme con su prudencia ; yo no llegaría a ser nunca amigo de usted , sino su esclavo ; y , por no serlo , le propondría a usted que nos batiéramos a muerte . Todo esto . . . siendo usted hombre . Siendo mujer como lo es . . . Angustias . — ¡ Continúe ! ¡ No me escatime galanterías !
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