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I . El Faraón llega a Marsella El 24 de febrero de 1815 , la gente del puerto de Marsella vio aparecer en el horizonte un gran barco de tres palos . Era el Faraón , que volvía de Esmirna después de haber pasado por Trieste y por Nápoles . Todos lo conocían bien en la ciudad , porque pertenecía a la casa Morrel e Hijo , una de las más antiguas y más respetadas del puerto . Sin embargo , aquel día el barco entraba muy despacio , casi con tristeza , y la gente que lo miraba desde el muelle empezó a temer una desgracia . En la cubierta , junto al timón , un joven de unos diecinueve años daba las órdenes con voz clara y tranquila . Tenía los ojos negros , el pelo oscuro y la calma de un hombre que ha vivido en el mar desde que era niño . El dueño del barco , el señor Morrel , no tuvo paciencia para esperar en tierra . Subió a una pequeña barca y fue a su encuentro . « ¿ Qué ha pasado , Dantés ? » , gritó desde el agua . « ¿ Por qué venís todos con esa cara ? » « Una gran desgracia , señor Morrel » , contestó el joven , quitándose la gorra . « Hemos perdido al capitán Leclère . Murió de unas fiebres antes de llegar a Nápoles . La carga , en cambio , está completa y en buen estado . » Morrel subió a bordo y escuchó la historia con atención . Edmundo Dantés le explicó que , después de la muerte del capitán , había tomado él mismo el mando del barco , porque no había nadie más a bordo que conociera tan bien la ruta . Le contó también que había hecho una breve parada en la isla de Elba , ya que el capitán , poco antes de morir , le había pedido que entregara allí un paquete . Mientras hablaban , se acercó a ellos un hombre de unos veinticinco años , con una mirada fría que no cambiaba nunca . Era Danglars , el contable del barco . Saludó al dueño con una gran sonrisa , aunque sus ojos no sonreían en absoluto . « Dantés ha hecho lo que ha querido desde que murió el pobre capitán » , le dijo en voz baja , cuando el joven se alejó un momento . « Hasta perdimos un día y medio en Elba sin ninguna razón que yo conozca . » Morrel no le hizo mucho caso , porque le gustaba aquel joven honrado y valiente , y sabía que los marineros lo querían . Cuando terminaron de hablar , le puso una mano en el hombro . « Dantés , si todo dependiera solo de mí , ahora mismo serías el capitán del Faraón . Tengo que hablar antes con mi socio , pero creo que no habrá ningún problema . » El joven se puso rojo de alegría . ¡ Capitán a los diecinueve años ! Le dio las gracias con la voz llena de emoción y le pidió permiso para bajar a tierra , porque tenía dos visitas que no podía retrasar ni un minuto : la de su padre y la de su novia . El viejo Dantés vivía solo en una casa pobre de las alamedas de Meilhan , en lo alto de una escalera estrecha y oscura . Cuando vio a su hijo en la puerta , se echó a temblar y tuvo que sentarse . Edmundo lo abrazó durante largo rato y enseguida notó lo delgado que estaba .
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