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« Y el precio es la vida » , respondió don Luis . Pero cuando iban a salir , entraron en la sala los guardias de la ronda y preguntaron por don Juan Tenorio . Él dijo que era él , y el jefe le comunicó que quedaba preso . Don Juan preguntó si estaba soñando , y entonces don Luis se acercó a él riéndose . Le explicó que su criado lo había denunciado para que no pudiera ganar la apuesta . Por esta vez , la partida era suya . En ese mismo instante entró otra ronda , que venía a buscar a don Luis Mejía . Ahora fue don Juan quien soltó una carcajada . « No os extrañéis , don Luis . Mi criado os ha denunciado a vos , para que no me estorbéis » . Los guardias se llevaron a los dos , y mucha gente los siguió por la calle . En la hostería solo quedaron Centellas , Avellaneda y unos pocos curiosos , que se miraban sin saber qué decir . Avellaneda dijo que aquello parecía un juego de magia . Centellas confesó que , si no lo hubiera visto con sus ojos , no lo habría creído . « Pues yo sigo apostando por Mejía » , dijo al fin Avellaneda . « Y yo por Tenorio » , contestó el capitán . V . La reja de doña Ana Aquella misma noche , un poco antes de las diez , don Luis Mejía estaba ya delante de la casa de doña Ana de Pantoja . Iba envuelto en su capa y miraba a todas partes . Había salido de la cárcel gracias a un primo suyo , el tesorero real , que había pagado por él . Ahora solo pensaba en una cosa : proteger a su novia antes de que llegara don Juan . Mientras esperaba , vio llegar a un hombre que hablaba solo y movía los brazos . Era Pascual , un criado aragonés que servía a doña Ana desde que ella había nacido . Venía de la plaza , donde había oído que don Luis y don Juan estaban presos . « ¡ Pascual ! » , lo llamó don Luis en voz baja . « ¡ Válgame Dios ! ¿ Sois vos , don Luis ? ¿ No estabais en la cárcel ? » . « Lo estaba , pero ya ves que he salido . Escúchame bien , porque el honor de tu señora está en peligro esta noche » . Don Luis le contó toda la historia de la apuesta . Le explicó que don Juan le había ganado en las listas y que , después , había jurado quitarle a doña Ana antes de la boda . El criado se rió al oírlo . « ¿ Y eso os preocupa ? Mientras yo esté en esta casa , no tenéis nada que temer . Esos espadachines de oficio tienen mucha lengua para hablar mal de las mujeres , pero cuando ven una buena espada , salen corriendo » . « No conoces a don Juan » , respondió don Luis . « No me da miedo su valor , sino su suerte . Parece que lleva un diablo a su lado que le ayuda en todo » . « Pero si está preso … » . « También lo estaba yo , y aquí me tienes » . Pascual intentó calmarlo , pero don Luis no quería escuchar . Solo había un modo de quedarse tranquilo , dijo : pasar aquella noche dentro de la casa . El criado le advirtió que eso no estaba bien , porque podía dañar el honor de doña Ana . Don Luis le contestó que al día siguiente iba a ser su marido , y que de todos modos se fiaba menos de las mujeres que de don Juan .
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