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« No es poco trabajo el tuyo . ¡ Lo feo y lo bonito ! ¿ No te gustaría que tu amito recibiera de Dios el don de la vista ? » . La muchacha tardó en contestar . « ¡ Divino Dios ! Eso es imposible . Es verdad que el ingeniero de las minas le ha dado esperanzas al padre de mi amo , porque tiene un hermano médico que cura los ojos y da la vista a los ciegos . Le ha escrito para que traiga sus herramientas , pero ese médico siempre anda por las Américas y tardará en venir . Pablo se ríe y dice que ningún hombre le dará lo que la Virgen le negó al nacer » . « Quizás tenga razón » , dijo Golfín , y no dijo nada más . Ya se veían las chimeneas , que echaban un humo negro , y la luz roja de los hornos , que ardían día y noche . Pasaron junto a ellos y llegaron a un edificio tan negro como los demás , de cuya ventana salía la música alegre de un piano . En el balcón se veía la lucecita de un cigarro . « ¡ Allí está el fumador de siempre ! » , gritó el doctor con cariño . « ¡ Carlos , Carlos ! » . « ¡ Teodoro ! » , contestó una voz desde el balcón . El piano calló y se oyeron pasos en la casa . El doctor le dio a su guía una moneda de plata y corrió hacia la puerta . III . La familia de piedra La Nela volvió a la casa del señor Centeno , que estaba detrás de los talleres , junto a las cuadras donde dormían las sesenta mulas de la mina . Era una casa baja y pequeña , de tres habitaciones y un desván . Allí vivían el señor Centeno , su mujer , sus cuatro hijos , un gato y , además , la Nela . En aquella casa había sitio para todo . Había sitio para las herramientas de los hijos y para mil cosas viejas que no servían para nada . Había sitio para el gato y para el plato del gato , para la guitarra de Tanasio , para la jaula del mirlo y para un pequeño altar con flores de trapo . Había sitio para todo , menos para la hija de la Canela . A menudo se oía : « ¡ No puedo dar un paso sin tropezar con esta condenada Nela ! » . O también : « ¡ Vete a tu rincón ! ¡ Qué criatura ! Ni hace nada ni deja hacer a los demás » . Las dos hijas , la Mariuca y la Pepina , dormían en la segunda habitación . Eran fuertes y robustas , y trabajaban lavando mineral . Tanasio , el mayor , dormía en el desván . Celipín , el más pequeño , que tenía unos doce años , dormía en la cocina . Tanasio hacía cestas grandes de avellano , y un día dejó media docena en la cocina . La Nela buscó un rincón donde dormir y no lo encontró . Entonces tuvo una idea feliz : se metió dentro de una cesta y pasó la noche tranquila . Cuando tenía frío , se tapaba con otra cesta . Desde entonces , siempre que había cestas grandes , la Nela dormía en ellas .
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