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« No lo puedo evitar . Mira cómo nos tienen aquí . No somos personas , somos animales . A veces pienso que somos menos que las mulas . Coger una cesta de mineral y echarla en un vagón , empujar el vagón hasta los hornos , remover el mineral con un palo . . . El que pase muchos años en este trabajo acabará con la cabeza llena de piedras . Les digo a mis padres que me pongan a estudiar , y me dicen que somos pobres y que tengo demasiada fantasía . ¿ Pero tú no me dices nada ? » . La Nela no contestó enseguida . Quizás comparaba la triste vida de su compañero con la suya , que era mucho más triste todavía . « ¿ Qué quieres que te diga ? » , dijo por fin . « Como yo no puedo ser nunca nada , como yo no soy una persona , no te puedo decir nada . Pero no pienses esas cosas malas de tus padres » . « Me parece que estás llorando » . « Yo no » . « Sí , estás llorando » . « Cada uno tiene sus cositas que llorar » , dijo la Nela con la voz ahogada . « Pero es muy tarde , Celipín . Duérmete y no pienses en esas cosas . Buenas noches » . Las conchas de la almeja se cerraron , y todo quedó en silencio . Los Centeno habían sido muy pobres . Antes iban de feria en feria vendiendo pucheros , y ahora , con el trabajo de sus cuatro hijos , ganaban un buen jornal . La Señana guardaba todo el dinero de la familia , y cada vez que cobraban se ponía tan contenta como si entrara en su casa el mismo Dios . Pero daba muy pocas cosas a sus hijos . Les daba de comer con método , como se da el pienso a los animales . No los mandaba a la escuela , porque creía que los pobres debían ser siempre pobres y no meterse en sabidurías . Sus hijos eran como piedras , y ella no entendía por qué Celipín quería dejar de serlo . Si así trataba a sus hijos , se puede imaginar cómo trataba a la Nela . La Señana le daba de comer y creía que con eso se ganaba un buen sitio en el cielo . No sabía que una palabra cariñosa vale más que un plato de sobras . Al gato le decían palabras dulces y lo acariciaban . A la Nela nunca . Nunca le pegaban , pero ella sabía que era por lástima , no por cariño . Nadie le había dicho nunca que tenía un alma capaz de dar frutos preciosos . Todo le enseñaba que valía menos que el gato y menos que el mirlo de la jaula . Al menos de ellos nadie decía nunca , con cruel compasión : « Pobrecita , mejor le habría sido morirse » . IV . El señorito de Aldeacorba Por la mañana sonó la campana de las minas , y cien hombres salieron de sus casas y cabañas . Con el sol , todo Socartes se volvió rojo : las rocas , la tierra , los vagones , el agua del arroyo y los hombres y las mujeres que trabajaban allí . La Nela salió de casa comiéndose un trozo de pan que le había dado la Señana , y subió deprisa hacia Aldeacorba . La primera casa del pueblo era grande y alegre , con una parra , dos ventanas y un largo balcón , y parecía una cara que sonreía . Era la casa de don Francisco Penáguilas .
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