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IX . Mario En la calle de las Hijas del Calvario , en París , vivía un anciano de noventa años , el señor Gillenormand . Era rico , elegante y muy orgulloso . Odiaba todo lo que tuviera relación con la Revolución y con Napoleón . Vivía con una hija soltera y con su nieto , Mario Pontmercy . El padre de Mario , Jorge Pontmercy , había sido coronel en el ejército del emperador . En la batalla de Waterloo cayó herido entre los muertos . Por la noche , un hombre lo sacó de debajo de los cadáveres . Aquel hombre , que dijo ser un sargento , se llamaba Thenardier . El coronel nunca supo que en realidad Thenardier estaba robando a los muertos y que lo había salvado sin querer , mientras le quitaba el reloj y la bolsa . Después de la guerra , el señor Gillenormand no quiso que su nieto creciera con un « bandido de Napoleón » . Le dijo al coronel que , si no renunciaba a su hijo , lo desheredaría . El coronel , que era pobre , aceptó por el bien del niño . Se fue a vivir solo a un pueblo . Desde allí , todos los domingos , viajaba a París en secreto para ver a Mario de lejos , escondido detrás de una columna de la iglesia . En 1827 , cuando Mario tenía diecisiete años , su abuelo le dijo que su padre estaba enfermo y que debía ir a verlo . El joven llegó tarde : el coronel acababa de morir . Solo encontró un papel escrito por él : « Para mi hijo . El emperador me nombró barón en Waterloo . Mi hijo llevará este título . En la batalla , un sargento llamado Thenardier me salvó la vida . Si mi hijo lo encuentra , le hará todo el bien que pueda . » Mario no había querido nunca a su padre , porque no lo conocía . Pero al leer aquellas líneas empezó a buscar su historia . Habló con el cura de la iglesia , que le contó lo de los domingos detrás de la columna . Leyó libros y periódicos , estudió las batallas del imperio y descubrió a un padre valiente que lo había amado en silencio . Entonces sintió una pena y una admiración enormes . Se hizo imprimir unas tarjetas con su nuevo nombre : « Barón Mario Pontmercy » . Cuando el abuelo descubrió la verdad , hubo una pelea terrible . El viejo insultó al coronel , y Mario , pálido , gritó : « ¡ Viva el emperador ! » . Aquella misma noche se fue de casa con treinta francos , un reloj y algo de ropa en una bolsa . Empezaron entonces para él años de pobreza . Vivió en habitaciones frías , comió poco y aprendió a no comprar nada que no fuera necesario . Terminó sus estudios de abogado , pero no tenía clientes . Se ganaba la vida traduciendo libros del alemán y del inglés . Su tía le enviaba dinero de vez en cuando , y él siempre lo devolvía . Era un joven orgulloso , guapo y tímido . Hubo días en que no comió más que un trozo de pan . Cuando se le rompía el abrigo , lo cosía él mismo . Si un amigo lo invitaba a cenar , inventaba una excusa para no aceptar . Poco a poco aprendió a vivir con muy poco , y llegó a ganar setecientos francos al año . No tenía nada , pero no le debía nada a nadie , y eso le hacía sentirse libre . Solo le quedaba un deseo , además del recuerdo de su padre : encontrar a aquel sargento de Waterloo y pagarle su deuda .
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