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« Vamos a acercarnos » , propuso Clarín . « Mirar desde lejos no sirve de nada . Lo mejor será que la gente de la casa nos reciba con generosidad y nos dé algo de cenar » . « La puerta está abierta » , dijo Rosaura en voz baja . « Aunque más que puerta parece una boca triste . Desde dentro sale la noche , como si la torre la fabricara » . En ese momento se oyó un ruido de hierro , un sonido lento y pesado , como de cadenas que alguien arrastraba por el suelo . « ¡ Cielo santo ! ¿ Qué es eso ? » , susurró Clarín . Rosaura se quedó inmóvil , porque sentía a la vez fuego y hielo en todo el cuerpo . « ¿ Cadenas ? » , siguió el criado . « Que me maten si eso no es un preso que sufre , porque bien me lo dice el miedo » . Entonces , desde el fondo de la torre , llegó la voz de un hombre joven , aunque sonaba vieja de tanto dolor . « ¡ Ay , pobre de mí ! ¡ Ay , qué desgraciado soy ! » . « ¡ Qué voz tan triste ! » , dijo Rosaura . « Cada cosa que oigo en este lugar me trae una pena nueva » . « Pues a mí me trae un miedo nuevo » , contestó Clarín , que temblaba detrás de ella . « Clarín , huyamos de esta torre , que está encantada » . « Yo no tengo ánimo ni para huir , señora » , confesó él , « porque las piernas ya no me obedecen » . Rosaura miró otra vez hacia la puerta . Dentro brillaba una luz pequeña y débil , como una estrella que se muere , y aquella luz no alegraba el lugar , sino que lo hacía todavía más oscuro . Sin embargo , gracias a ella pudo ver lo que había allí . Era una cárcel estrecha , casi una tumba . En el suelo , vestido con pieles de animal y cargado de cadenas , había un hombre de pelo largo y brazos fuertes . No tenía más compañía que aquella lámpara . « Si no podemos huir » , dijo Rosaura , « por lo menos escuchemos . Quiero saber qué dice » . Se escondieron detrás de una roca , cerca de la puerta . La noche ya había caído del todo . Desde allí veían al preso y lo oían respirar . Ninguno de los dos sabía todavía que aquel encuentro iba a cambiar muchas vidas , y también la historia de un reino entero . II . El hombre de las pieles El preso levantó la cara hacia el techo de piedra , como si allí arriba estuviera el cielo , y empezó a hablar . No hablaba con nadie . Hablaba con los cielos , que eran los únicos que lo escuchaban desde hacía muchos años . « Cielos , quiero saber qué delito cometí contra vosotros al nacer » , dijo . « Aunque , si nací , ya entiendo cuál es mi delito . Vuestra justicia tiene una buena razón para castigarme , pues el delito mayor del hombre es haber nacido » . Calló un momento y luego siguió , con más fuerza . « Pero los demás también nacieron . Entonces , ¿ qué más hice yo para que me castiguéis más ? ¿ Qué tienen los otros que yo no he tenido nunca ? » .
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