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« Creo que sí , milord . Pero usted puede salvarla . Todo está en esa carta . » El duque leyó la carta dos veces , sin decir nada . Luego dio orden de volver a Londres al galope . Durante todo el camino no habló más que para preguntar por la reina : si estaba triste , si estaba enferma , si había hablado de él . « Venga conmigo » , dijo , y lo llevó a una capilla secreta de su palacio . Aquella capilla era un pequeño templo de amor . En las paredes había telas azules y velas encendidas , y en el centro había un gran retrato de Ana de Austria , tan perfecto que d’Artagnan creyó ver a la reina en persona . Delante del retrato estaba el cofre de madera . El duque lo abrió , sacó los herretes y , de repente , dio un grito . « ¡ Faltan dos ! ¡ Me los han robado ! » Miró las cintas con atención y vio que estaban cortadas con unas tijeras . Entonces recordó el último baile , ocho días antes . « Lady de Winter » , dijo en voz baja . « Bailó conmigo aquella noche y no se apartaba de mí . Es una espía del cardenal . » El duque no perdió el tiempo . Llamó a su joyero , un hombre muy hábil , y le ordenó hacer dos herretes iguales en dos días . Para que el hombre no pudiera contar el secreto , lo encerró en el palacio con todas sus herramientas . Después firmó una orden para cerrar todos los puertos de Inglaterra . Ningún barco podía salir hacia Francia sin su permiso . Dos días más tarde , los herretes estaban terminados . Ni el propio duque sabía distinguir los nuevos de los viejos . Le dio a d’Artagnan el cofre y quiso regalarle una fortuna en oro , pero el joven no la aceptó . « Yo sirvo al rey y a la reina de Francia , milord , no a usted . » El duque , sin embargo , había preparado caballos para él en cada parada del camino entre la costa y París . D’Artagnan aceptó los cuatro mejores , uno para él y otro para cada uno de sus amigos , si es que todavía vivían . « Le debo mucho , señor » , le dijo el duque al despedirse . « Dígale a la reina que he cumplido sus órdenes . Y dígale también que la guerra entre nuestros países no cambiará nunca lo que siento por ella . » « Se lo diré , milord , si me dejan verla . » « Usted encontrará la manera . Es usted gascón . » Luego d’Artagnan subió a un barco y atravesó el mar . VII . El baile del Ayuntamiento La noche del baile , el Ayuntamiento de París brillaba como un palacio de cuento . Había miles de velas , flores en todas las escaleras y músicos en todas las salas . Los grandes señores de la corte llegaban en carrozas doradas , y el pueblo los miraba pasar desde la plaza . El rey llegó a las diez y entró en su despacho para cambiarse de ropa . Allí lo esperaba el cardenal , que le dio una cajita . « Majestad » , dijo , « si la reina lleva los herretes , cosa que dudo mucho , cuéntelos . Si solo encuentra diez , pregúntele quién le ha robado estos dos . » El rey abrió la caja y vio dos herretes de diamantes . No dijo nada , pero sus ojos se volvieron duros .
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