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VI . El deán de Santiago y don Illán , el mago de Toledo Otro día el conde Lucanor le contó a Patronio un asunto que lo tenía disgustado . « Patronio » , le dijo , « hace algún tiempo vino a verme un hombre . Me pidió ayuda en un asunto suyo y me prometió que haría por mí todo lo que me conviniera . Yo empecé a ayudarle todo lo que pude . Pero antes de que el asunto estuviera terminado , me hizo falta algo de él . Se lo pedí , y me puso una excusa . Después le pedí otra cosa , y me puso otra excusa . Y así ha hecho con todo lo que le he pedido . Su asunto todavía no está resuelto , y no se resolverá si yo no quiero . Confío mucho en tu buen juicio . Dime qué debo hacer » . « Señor conde » , dijo Patronio , « para que haga en esto lo que debe , le contaré una historia . Es lo que le pasó a un deán de Santiago con don Illán , el gran maestro de Toledo » . El conde le preguntó cómo había sido , y Patronio se lo contó . En Santiago había un deán , es decir , un clérigo importante de la catedral . Este deán tenía muchas ganas de aprender el arte de la magia . Había oído decir que don Illán , de Toledo , sabía de magia más que nadie en aquel tiempo . Por eso hizo el largo viaje hasta Toledo para aprender con él . El mismo día que llegó , fue a casa de don Illán . Lo encontró leyendo en una habitación muy apartada . Don Illán lo recibió muy bien . Le dijo que no quería saber todavía a qué venía , y que primero comerían juntos . Le dio un buen cuarto y todo lo que necesitaba , y le hizo entender que su visita le alegraba mucho . Después de comer , los dos se quedaron solos . El deán le explicó por qué había venido y le rogó con mucha insistencia que le enseñara su ciencia . Don Illán lo escuchó y le contestó con calma . « Usted es deán y hombre de buena familia » , le dijo . « Puede llegar muy alto en la Iglesia . Y los hombres que llegan muy alto olvidan pronto lo que otros han hecho por ellos . Tengo miedo de que , cuando haya aprendido lo que quiere , no me haga el bien que ahora me promete » . El deán le aseguró que no sería así . Le prometió que , por mucho que subiera , nunca haría otra cosa que lo que don Illán le mandara . Hablando de esto pasaron la tarde entera , hasta la hora de cenar . Cuando ya estuvieron de acuerdo , don Illán le dijo que aquella ciencia solo se podía aprender en un lugar muy apartado . Le dijo también que esa misma noche le enseñaría el sitio donde iban a estudiar . Antes de ir , llamó a una criada de la casa . « Ten preparadas unas perdices para la cena de esta noche » , le dijo . « Pero no las pongas a asar hasta que yo te lo mande » . Luego tomó al deán de la mano y lo llevó hacia una escalera de piedra muy bien labrada . Bajaron por ella durante mucho tiempo . Bajaron tanto que parecía que el río Tajo pasaba por encima de sus cabezas . Al final de la escalera encontraron una habitación muy bonita , llena de libros . Allí estaba el estudio donde iban a trabajar . Se sentaron y empezaron a pensar con qué libros comenzarían .
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